Walter Garib nació el 16 marzo de 1933 en Requínoa, pueblo agrícola situado a 120 kilómetros al sur de Santiago-Chile. Desde pequeño escuchó las prodigiosas narraciones de sus abuelos, sacadas de “Las mil y una noches” y de la rica tradición oral. Sus cuatro abuelos habían abandonado Palestina hacia 1910, debido a la dominación turca. Además, como muchos, presagiaban el inicio de una devastadora guerra. Sus abuelos paternos, al llegar a América, se instalaron en Argentina, para enseguida pasar a Chile. Se dedicaron al comercio de frutos del país junto a sus hijos, en distintos pueblos del sur. Hacia 1928 decidieron radicarse en Requínoa. Pese a ser campesinos analfabetos, disponían de una sólida cultura, que supieron legar a sus descendientes.
     
El escritor realizó sus primeros estudios en la escuela pública de su pueblo. Después pasó al internado de los Hermanos Maristas de San Fernando (ciudad próxima a Requínoa) donde estuvo dos años. En 1944, su familia se trasladó a vivir a Santiago, para dedicarse a la manufacturación de productos textiles.

En Santiago, hizo parte de sus humanidades en un colegio inglés, donde tuvo como profesores a los poetas Roque Esteban Scarpa y Ángel Custodio González. Después pasó al Internado Nacional Barros Arana, liceo estatal de enorme prestigio, debido a su enseñanza laica y humanista, donde conoció a distinguidos profesores-escritores (Alfonso Calderón, Fernando Cuadra, Ernesto Livacic) que lo estimularon a escribir. Ahí entró en contacto con un grupo de teatro y una academia literaria, en cuya revista escribió sus primeros cuentos.
Al concluir su enseñanza humanística, se matriculó durante un año en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Católica (1954), y después ingresó a estudiar Derecho a la Universidad de Chile, durante tres años (1955-57).

El escritor reconoce que equivocó de estudios, no obstante su permanencia en la universidad le fue valiosa para su formación posterior. Aunque pintaba bien y sentía alguna afinidad por el estudio de las leyes, cree que debió dedicarse desde un comienzo a las letras. Su verdadera vocación estaba en narrar y contar historias, pues era una manera de continuar la tradición familiar, representada por sus abuelos, y sobre todo de su padre. Hombre formado al calor del trabajo diario y sin tregua, no pudo completar sus humanidades, pero logró cultivarse por sus propios medios. Participó en la política un tiempo breve, donde se destacó por sus convicciones progresistas. Era lector pertinaz, dueño de una biblioteca muy surtida, en la cual el futuro escritor tuvo acceso a lo mejor de la literatura universal.

De su madre, el escritor heredó el gusto por la música y a apreciar sus actividades artesanales. Ella, a menudo lo estimulaba a hacer poesía y a dibujar, aunque el futuro escritor se inclinaba más por la prosa.
     
Walter Garib se mantuvo en el núcleo familiar, mientras destinaba largas horas diarias a escribir, ante la mirada indulgente de su progenitor, si bien le criticaba lo que para él era una actividad para morirse de hambre. En 1963 publicó su primer libro “La cuerda tensa” (cuentos). En 1966 casó con Lenka Chelén, estudiante de pedagogía, quien al cabo de los años hizo teatro y televisión. Hoy se dedica a pintar arte primitivo o ingenuo, y tiene a su haber varias exposiciones internacionales.

A partir de 1965, Garib empezó a escribir novelas y una de éstas ganó en 1972 el Premio Nicomedes Guzmán de la Sociedad de Escritores de Chile. Estimulado por este hecho, no dio respiro a sus inclinaciones literarias, y así pudo obtener nuevos premios nacionales e internacionales y publicar en México, España y Chile. Hoy, son alrededor de 15 los libros editados, en su mayoría novelas. Sus cuentos han sido traducidos al francés y al italiano.

Desde 1972 hasta el 1973 tuvo una columna de misceláneas en el diario La Nación. Regresó al periodismo en 1996, para colaborar en el diario La Época, hasta cuando éste cerró a mediados de 1998. A partir de esa fecha, escribe en la página editorial del diario La Nación, todos los jueves, una columna satírica. Además, desde 1997 colabora en la revista “Punto Final”.

Fue director de la Sociedad de Escritores en 3 períodos, a cuya organización está vinculado a partir de 1967, cuando se hizo socio.

De sus tres hijos, tiene siete nietos.